...desde dónde escribo...

"Escribiendo desde el vómito irreverente, obstinado, irrespetuosamente presente. Y es que, escupo palabras como misiles, como hartazgos, como besos húmedos, como puñetazos precisos, ciertos. Sacando lo que está dentro de la manera que mejor me sale hacerlo, una palabra extirpada desde dentro, de raíz, de profundos pozos ciegos. Me libero en la cárcel donde ahora las encierro. Para siempre quedan, para volverlas a oler en algún tiempo, para arrojarles más de diez insultos, y menos de tres besos. Para recorrerlas y recorrerme, saborearme la piel que supo erizarse entonces, o pudrirme de nuevo con lo rancio y oscuro de aquel cuento".







jueves, 26 de noviembre de 2015


Qué vas entender vos de este llanto, de esta tristeza, de este dolor que nos atraviesa.
Qué vas a entender vos si sólo te perturba el centímetro cuadrado de tu adentro y nada lo de afuera.
Qué vas a entender vos si jamás saliste del círculo vicioso de tus penas.
Qué vas a entender vos si de tibieza cubrís tus escenarios y de mezquindades vestís tu ropero.
Qué vas a entender vos si al amor lo calculás con intereses, lo dividís para reinar la fantasía de vida que te alberga.
Qué vas a entender vos si escribías “viva el cáncer” y celebrabas la muerte del hombre que vino a proponernos un sueño y soñamos con él, y lo hicimos tangible.
Qué vas a entender vos si te conmovés de las muertes blancas y reproducís los vómitos que te meten como infusión en tu té de las 5.
Qué vas a entender vos si la memoria la ponés al servicio de los que mueven tus hilos y repetís sin saber los relatos que te venden sin deglutirlos.
Qué vas a entender vos  que hoy se nos parta el corazón y sintamos que se nos desgarra el alma por el peligro que vuelvan a hundirnos como pueblo.
Qué vas a entender vos si no te toca el dolor del otro, si no te duelen nuestros muertos, si no te conmueve nuestra sangre, si no te moviliza nuestra bronca, si no te llegan nuestros gritos, si no te contagian nuestras ganas, si no te lastiman nuestras balas, si no te importa nuestra Patria.
Qué vas a entender vos si tu olvido es tan presente que elegís pegarte un tiro a menos de un metro de distancia.
Qué vas a entender vos si mordés la mano del que te la extendió para que salieras de las llamas.
Qué vas a entender vos si el egoísmo nubló tu vista, la necedad amputó la parte que te hacía verte antes de este ahora, cuando ardías en la desolación de no saber cómo sería este presente. Elegís ignorarte en aquel tiempo y hacer de cuenta que no estabas, o no estaban. Elegís  creerte el cuento de un cambio que vuelve sin cambiar nada de aquellas muertes que nos dieron. Elegís el fallecer de a poco, a cuenta gotas, con las mismas recetas que ya nos inyectaron como veneno certero y letal, lento, preciso y cierto. Elegís proyectarte en una realidad que no va a pertenecerte, no pertenecerás, aunque te hayan vendido y vos hayas comprado con la vacuidad de las palabras que todo dicen cuando no dicen nada. Elegiste el vacío por tu hartazgo de lo lleno, elegiste lo superficial por tu desprecio de las formas que tanto te agobiaban, elegiste una parcela para tu tumba irremediable, y fuiste vos el verdugo que se puso la capucha y disparó afilado contra tu sien y todas las sienes.
Qué vas a entender vos si despotricás sobre la grieta y te ubicás de un lado de ella, creyendo que estás en la platea, no viendo que tu asiento está en el gallinero.
Qué vas a entender vos si tu conciencia de clase te muestra el espejismo de reyes y coronas y al darte vuelta te encontrás con las chancletas y la humedad de la pared que te recuerda el origen que te esforzás en esconder debajo de la alfombra.
Qué vas a entender vos del temor y el desconsuelo de mirar de nuevo aquella foto repleta de márgenes que se van cayendo cuando habían comenzado a levantarse. Qué vas a entender vos si no te duele la llaga ajena, no te indigna, no te altera.
Qué vas a entender vos de este dolor, de este llanto, de esta bronca, de este amor, de esta causa, de esta bandera.

Mara. Noviembre de 2015.


jueves, 12 de noviembre de 2015


Si lograses desatar los nudos, yo invito el vino.
Si pudieses atravesar el escudo, yo lleno tu copa.
Si acaso rompieses estas cadenas, me voy quitando la ropa.
Y tal vez me quede más de la cuenta.
O me vista despacio.
Y prepare el café de mañana.
Si lograses quebrar este muro conmigo…
Quizá así… yo me quede contigo…

Mara

lunes, 2 de junio de 2014

Otra vez andando. No es que me haya detenido, sólo aquieté un poco los latidos, limpié sus rincones, los hice más grandes, ordené sus cajones, los hice más pequeños. Es que ahora quiero ver mejor qué pongo dentro.
Intentaré no desnudarme abrupta ante lo que aparece en el camino. Cuidaré mi piel de las caricias que culminan en manos empuñando mil heridas. Protegeré mi espalda esquivando el abrazo que amanece camuflado y al caer la noche desfunda una cuenta interminable de alambres de púa que pretenden perforarme.
Dejaré el impulso que me muestra ingenua. Abriré más mis ojos, impidiéndoles que vean limpio de antemano, los instaré a que busquen más allá de esas pupilas, y contemplen la mugre que se esconde en muchos de esos parpadeos.
Si llego a la cornisa nuevamente será porque elija el abismo para así acercarme, no por esos cuerpos que me vienen empujando para que salte, o cavan la fosa, para que me hunda, o tiran más tierra, para que me pudra.
Si acaso decidiera llegar hasta el límite que me muestra un espejo repetido de precipicios, será para alzar mi cabeza, poner firmes mis pies sobre la tierra, respirar profundo, sonreír profundo, y así contemplar la caída de todos aquellos que quisieron contemplarme a mí allá en lo bajo.
Seré yo la que siga andando…mientras otros se vayan deteniendo…

Mara

miércoles, 21 de mayo de 2014

Yéndome

Me aturde ese silencio. Mareada le busco la forma y no concibo ni un atisbo de palabra siendo. Sólo gestos nauseabundos que perforan mis tímpanos dejándolos sordos. Cegando la razón que persuade lo que siento, o presiento. Da lo mismo. El eje es tan sólo una línea zigzagueante y caprichosa, empeñada en doblarse y correrme, por todos sus costados, llenándome de esquinas la piel y su urgencia.
Es el olvido quien tiene que asaltarme, hasta cubrirme de desmemoria la incertidumbre y las ganas de algún algo parecido a lo soñado; la voluntad de estas piernas de subir la cuesta con mi cabeza para abajo; o el hartazgo de este subibaja cansado de su inercia.
Cuando ya ni siquiera mi deseo puede deletrearte, ahí es donde debo correr y volar, hacia todas las ventanas que no puedan dibujar tu sombra. Abrir este paréntesis para que salgas y dejar que entre la sorpresa de ese hallazgo que no para de buscarme, y que me encuentre, con el cajón cerrado y la página nuevamente en blanco.
Sacudida de antemano. Sin órbitas claras, con caminos y estos pasos recurrentes. La necesidad abrupta de salirme de lo involuntario que penetra y dirige, conduce, manipula, entorpece, desmotiva, succiona las ganas, mutila la sonrisa, evapora la poca sanidad que pueda esconderse cuando dos se encuentran.
En la misma calle, en el mismo pavimento, en la misma escena, en el mismo siglo, en la misma oportunidad desnudada que arremete, en el mismo choque inentendible de los cuerpos, en la misma escala despareja de las ganas cuando nacen, en el mismo atormentado suceder de lo distinto, en la misma intencionalidad cantada que suda los segundos paridos del latido que interfiere con los otros, donde implota y exagera, donde ebulle y convulsiona, donde existe en un “ahora” y al milímetro siguiente….se evapora.

Mara 

jueves, 27 de marzo de 2014

Otro cuento



Ya pasé por esto.
Me ahogué.
Me hundí.
Me sepulté.
Lloré este abrazo.
Escupí ese beso.
Lastimé aquel alma.
Disparé a ese pecho.
Otro aura.
Otra dirección.
Otros puñales.
Otros gemidos.
Otro consuelo.
Ya salí de esto.
Me sequé el agua.
Me limpié las algas.
Me saqué ese lodo.
Me abracé en silencio.
Me insulté en voz alta.
Me besé a escondidas.
Me perdoné sin rezos.
Me rearmé de nuevo.
Ya olvidé este cuerpo.
Que quedó inconcluso.
Que durmió lo eterno.
Que amputó mis ganas.
Que desojó mis pieles.
Que carcomió mis quiero.
Que asesinó mis puedo.
Ya reescribí mi historia.
Con mis partes todas.
Con mis alas rengas.
Con mis vuelos altos.
Con mis ganas vivas.
Con mi pluma cierta.
Con mi alma mía.
Con mi amor alerta.
Con mis partes algo.
Con mis ojos viendo.
Con mis pies naciendo.
Ya salí del cuento.
Ya narré más letras.
Ya latí esta pena.
Ya abracé mi espalda.
Ya escapé esta huida.
Tuve el tiempo.
La distancia.
La cobardía.
El sueño a medias.
La oportunidad, esquiva.
La razón perdida.
La soledad, tan mía,
Ya pasé por esto.
Dejé los trozos.
Tejí los lados.
Reí flamante.
Aniquilé nostalgias.
Trepé otro muro.
Corrí constante.
Amé de nuevo.
Sané mis partes.


Mara 

sábado, 22 de marzo de 2014

Otros




Sudo razones que llevan otro nombre.

Que visten otras ropas.
Que rompen otros huecos.
Que destejen otros hilos.
Que enuncian otros gritos.
Que matan otros muertos.
Que nacen otros vientres.
Que buscan otros desencuentros.
Que tachan otras letras.
Que borran otro abrazo.
Que aprietan otros labios.
Que aman otras causas.

Sudo razones… sin razonarlas.

Mara 

viernes, 21 de marzo de 2014

Sensación Térmica


Con intervalos de aire azotando mis pulmones.
Intermitente este humor que me ríe y me llora.
Me golpea la espalda el asfalto chillando.
El calor nauseabundo vomitando el invierno.
Ese rostro perdido que me busca en mi huida.
Y a veces salto.
Y a veces puedo.
Y a veces creo.
Soplos. Rasguños. Insultos. Veredas. Ocasos. Acasos…
Pequeños instantes que mueren y nacen.
Y yo que me hundo sin agua tapándome.
Este cielo imperfecto repleto de luces.
Tan alto y soberbio y mediocre su acento.
Tan sucio. Tan abundante. Tan sin sentido.
Sus vidrios tan limpios.
Su gente tan chata.
Su amor tan vencido.
Su odio tan tibio.
Su vitalidad tan agonizante.
Insisto en mirarte con ojos de antes.
No veo. No toco. No siento. No quiero.
Empaco mi furia primero.
Y luego mis ganas.
Me voy en silencio entre ahora y mañana.
Pasado me aguarda a la vera del río.
Mojando mis pies, devolviéndome el alma.
Que confusa me advierte del lodo que avanza.
Me salvo y me quedo.
Me quedo y me armo.
Me armo y me canto.
Me canto y me tengo.
Me tengo y me salgo.
Derrumbo las tumbas que con sus grilletes me amputan las alas.
Derribo nostalgias, preguntas, vacíos y llenos, hastiados de nada.
Descubro que existo pariendo de nuevo este ser que no acaba.

Mara


Cuando digo FUTURO


“Les convido a creerme cuando digo futuro”

A pesar de este gris, de este hierro.
De la celda, la yuta, los bondis y el encierro.
Los odios, los sapos, los engomes y los castigos.

“Les convido a creerme cuando digo futuro”

A pesar de ése cielo y todo el asfalto.
De los gritos, la noche, lo oscuro y lo muerto.
Los muros, los golpes, lo tarde y lo esquivo.

“Les convido a creerme cuando digo futuro”
A pesar de los soles de patios estrechos.
De los buzones, lo injusto, los llantos y el frío.
La gorra, las bajadas a cancha, los fiches y los colinos.

“Les convido a creerme cuando digo futuro”
A pesar de las bestias que anidan más sangre.
De las púas en alto, la crueldad, la miseria y el hastío.
La astilla no dada, el corchito perdido, el embroyo vacío.

“Les convido a creerme cuando digo futuro”
A pesar de la tumba y lo lejos del río.
De ese fuelle que quema y no abriga.
Los mangangá, la marmita con sobras, la palmera vacía.
“Les convido a creerme cuando digo futuro”
A pesar del presente perpetuo y maldito.
De este ahora impreciso y cautivo.
Los deseos presentes de que anden conmigo.

Mara 

sábado, 21 de abril de 2012

Sentenciàndo...Me




Te sentencio un futuro incierto y lo irremediable del saber que te golpea.
La búsqueda constante del latir sin pausas de tu adentro.
El dolor que no lastima del vacío que elegís para quedarte.

Te sentencio el anhelo permanente de la octava maravilla.
Rotando por instantes que nada dejan más allá de ese instante.
Una duda sin certezas y cientos de acertijos buenos.

Te sentencio pasos fuertes descubriendo atajos.
Vueltas a tu eje que te encauzan nuevamente.
Abandonos que te sirven en el juego de seguir pisando.
Hallazgos que completan partes y otros que no encajan.

Te sentencio un porvenir dibujado con tus dedos.
En la pretensión de no esconderte del deseo que te mueve.
Papel en blanco cubierto de garabatos que no llegan a ser paisaje.
Encuentros de esos que no suman más que un día de mirarse.

Te sentencio la caricia que te erice o la distancia.
Unos ojos que te encierren o la ceguera irrefutable.
Un beso que te pierda o la sequía de tus labios.
Un tacto que despierta así tus ganas o tus propias manos que te sacian.
Un todo desvestido de conformes o ese escondite que te cuida de mitades.
Un presagio de pasión que eleva o tu calma de seguir buscando.

Te sentencio.
Un “otro” de esos…
 O tu “yo” en solitario.

Mara

viernes, 20 de abril de 2012

Mi Planeta es la Magia

Invéntame en tu relato.
Ponme alas.
Dame saltos.
Cúbreme de espuma el alma.
Píntame de colores los vestidos.
Inyéctame de sangre los latidos.
Hazme letra que besa cuando grita.
Que surge cuando cae.
Que nace en cada parpadeo.
Que germina porvenires cuando ama.
Escríbeme en el cuento que te armas.
Con bosques pequeñitos repletos de esa magia.
Siendo todo y nada con cada partecita regalada. 

Invéntame siendo parte de esa melodía que ahora cantas. Susurrándonos las ganas en todas las mañanas.
Haciendo de la noche el refugio necesario de la calma.
Una cama inmensa hecha de paja.
Yendo a ese cuento que de niña me abrazaba.
Donde de las nubes salen flores que utilizo como lianas. Saltando de un planeta a otro sin escalas.
Una choza en la copa de ese árbol.
Encendiendo la leña necesaria.
Jugando a lo invisible si hace falta.
Dejando que el silencio escuche el vacío de todas las palabras.
Píntame aquel rostro que pueda devolverte lo que amas.
Téjeme los hilos que me enreden el cuerpo dejándome libres sólo las alas. 

Invéntame la excusa para no pisar la tierra ni siquiera en medio paso.
Dame vuelos de esos que me lleven alto.
Hasta no divisar ni una ventana donde la rutina ancla. Asesíname la mujer que algunos mandan.
Ayudándome a nacer por siempre la niña que me llama. Dame juegos de rayuelas, manchas, mil adivinanzas. Hablemos un idioma diferente donde el cuerpo manda. Donde sólo importen las miradas.
Y las cosas silenciadas que la risa nos señala.
Y las lágrimas cascadas de colores que nos bañan.
Y el rincón del desconcierto nuestra arma.
El viento un abrigo cálido donde la piel descansa.
Y la lluvia el techo que buscamos cuando nuestro calor no calma. 

Invéntame este planeta en tu relato dándome la pluma… que tal vez me falta… 

Mara (Abril 2012)

jueves, 19 de abril de 2012

Huecos

Adentrándome en mi hueco. El más apartado de los ojos propios y ajenos. Alejado de las palabras que me digo cuando intento conversarte. Mil silencios repletos de motivos para ser eso.
Muchos miedos encubiertos como osadías momentáneas. De ésos que parecen estandartes de una valentía que no tengo. Y temo. Sangrando por dentro. Y sufro. Escribiendo cien veces me atrevo.
Y me escondo en ese hueco, tan profundo, que son más las veces en las que no me encuentro, que las veces en las que me veo, en algún espejo.
Temo al fin por el fin mismo. De las cosas más triviales a las más inmensas. Cerrar esa puerta que hace rato dejó de estar abierta, y esas ventanas que por temor a que dejen de ser etéreas ni siquiera les permito un parpadeo.
Miedo al miedo de no saber lo que pasará cuando esto ya no sea. Qué ropas vestiré y de qué modo desnudaré mi cuerpo. Adónde me ubicará el dónde de mi cuento. Cuál será el nombre de todo lo anónimo que ahora no veo.
“Transmutante”. Transmutada. Transmutando.
Me construyo los peldaños sin querer jamás abandonarlos. Tal vez sea esa mi única manera de conseguir más vuelos. Y así es que veo y me da vértigo lo alto de esta escalera. Con tantos escalones siendo. Y no uso la maza para derrumbarlos, como si en algún momento pudiese subirlos o bajarlos, de nuevo.
Y lo añejo cobra vida en el recuerdo y se rejuvenece cuando vuelvo tempestiva a algún encuentro. Mis retornos son siempre secundados por mis presentes signos de interrogación, sin ambición de respuesta, como siempre ando, arrojando al viento mi piel macerada de dudas y mi alma riéndole los signos a la respuesta.
Debo dejar de subirte y bajarte, pisoteando la madera infinitas veces, debo dejar que seas sólo lo que fuiste, cosa, nombre, historia, hombre, cuerpo, ropa, foto, mujer, sonrisa o lamento. Debo dejar de querer lo que ya una vez me abrazó en el trayecto y seguir sin tomarme una pausa para bajar otra vez a ponerte los pies. ¿Debo hacerlo?
Si el miedo a cubrirme de duelos me perturba la calma que nunca tengo.
Atreverme a matar y a morir yo también, en una y en todas las muertes.

Mara. Julio 2010

viernes, 10 de febrero de 2012

Contrareloj (por ponerle un nombre)



Inventándome la excusa para correr hacia el grito que sacude mi mirada, destilando abrazos que guardé entre los dedos. Y la piel se hizo carne viva. En un instante.

Y el silencio quiso escupirme verborragias, cargadas de amores que no di. Por miedo. Por cobarde. Por orgullo. Por coraza. Corazón. Por coraza.

Esos puntos suspensivos que sin quererlo suspendí. Y altiva fui oscilante en el camino lejos. Lejos de los pasos. Distante de las huellas. Oscura de las ganas. Penumbra de la historia. Renga de palabras.
De este lado de la cama.

¿A quién te escribo? Hombre. Nombre. Cuerpo. Carne. Deseo. ¡Oh! Nostalgia.

Susurro aquello que logró (alguna vez) atravesarme. De mis labios salen los mordiscos. Los insultos. Y los besos. Los silencios que mantuve inclaudicables. Tapándome la boca con las manos. Callando. Cayendo. 

Subestimando el dolor y el golpe.

Me armé más de tres refugios. Me escondí. Sigo dentro. Espiando el lado oscuro de la luna. Cerrándome los ojos. Desde dentro. Empapándome las pupilas de ese olvido que me ayude a recordarte.

Cerrojos en el alma. Migajas. Que no alcanzan. No sacian. No me tocan. Ni abalanzan.

En la vigilia de este respirar me bebo las vertientes de agüita clara. Y retomo la batalla. Vuelvo a pasar por esas páginas, que aún, sangran.

¿Acaso vos pudiste, otra vez, detener el tiempo cuando estallas?


Mara

Por Preso. Por Pobre. Por Negro

Esto lo escribí pensando en una persona especial, a la que quiero mucho. Él está privado de su libertad en un penal roñoso de la Provincia de Buenos Aires. Él me enseña, semana tras semana que se puede, él es ejemplo de lucha. Él es Diego Tejerina, Alfabetizador, Estudiante de Sociología, Músico. Gran Ser Humano.  TE QUIERO NEGRO!



Son muchos los que no llegarán a verte.
Te tienen miedo.
Te tienen asco.
Te tienen deudas.
Y te ignoran.
Y te niegan.
Y te encierran.

No llegarán a rozarte.
Ni a saber quién sos.
Ni a poder olerte.
Ni a nutrirse con tus ojos.
Ni a hallar en tu mirada cosas bellas.
Ni aprender de tus palabras cosas ciertas.
Ni a tocar de tus manos la simpleza.

Seguirán los dedos señalándote.
Seguirán los desprecios mirándote a los ojos.
Seguirán los temores al toparse con ellos tu cuerpo.
Seguirán las guadañas atravesando tu rumbo.
Seguirán los olvidos marcando tus pasos.
Seguirán construyéndote a cada paso más muros.

Porque te matan. Y seguirán haciéndotelo.

Desde tu cuna.
Desde tu villa.
Desde tu margen.
Desde tu bala.
Desde tu celda.
Desde tu alma.


Y saldrán corriendo ante tu presencia.
Porque sos negro y pobre.
Y no te creerán ni la sonrisa ni el llanto.
Porque el estigma te lo tatuaron en el vientre.
Y querrán que las rejas no te suelten.
Porque su seguridad es más segura que la tuya.
Y rezarán sus rosarios manchados de sangre.
Porque tienen perdones que a vos no te alcanzan.

¿Por qué naciste del lado del barro?
¿Por qué no optaste por el otro costado?
¿Por qué quisiste ser pobre y morocho?
¿Por qué no escogiste del catálogo lo claro?
¿Por qué decidiste lo marginal en tu vida?
¿Por qué no anduviste los carriles correctos?

Tu destino hoy sería diferente.
Podrías sentarte a la mesa de cualquiera.
Se te abrirían las puertas.
La aceptación de tu ser sería la regla.
Podrías recibir abrazos sin miedo.
Podrías ser vos el que se cruza de vereda.
Tendrías la posibilidad de ponerte a salvo.
Y no como ahora.

Tachando los años.
Tachando los sueños.
Tachando los cielos abiertos que ya no verás.
Tachando las montañas que no subirás.
Tachando los besos que no darás.
Tachando la justicia que no alcanzarás.
Tachando la vida que no vivirás.

Saldrás en un tiempo.
Lejano tiempo que carcome tu sangre.
Saldrás en la madrugada y caminarás solo.
El basural te traerá el olor de tu barrio.
Y los recuerdos te escupirán una libertad de mentira.
Y tendrás que afrontarla luego de tu encierro.
Y te harán sentir más rejas que antes.
Saldrás de esos muros vestido de preso, de pobre, de negro.
Saldrán a cazarte deseosos de encerrarte de nuevo.
Por preso. Por pobre. Por negro.



Mara. 








jueves, 9 de febrero de 2012

La Realidad Sangra

Este texto lo escribí en 2006, la primera vez que fui a La Quema, montaña de basura gigante, montaña que alimenta y mata.
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La Realidad Sangra
La “Quema”. Sumergidos en una montaña que mata y alimenta.

La realidad sangra. La realidad duele. La realidad atraviesa dejando grietas a cada paso.
Distancias infinitas entre ellos y yo.
Una vez que observás la miseria, que la respirás, que la pisás, que la atrapás con tus ojos, que no te la cuentan, porque estás ahí vos. Parada ante ellos. Inmune a esas realidades. Sorprendida y no ante esos tajos de vida que gritan en silencio.
Ya no se los escucha, ya no se los ve, aunque estén por todos lados. Son parte del paisaje más urbano. Son uno y cientos deambulando “in-porvenires”. Están en el naufragio todos los días, porque ese mar es el que andan. Y mi orilla está tan lejos estando tan cerca. Mi orilla me devuelve a tierra firme al abrir y cerrar mis ojos. Ellos pisan mierda segundo tras segundo. Senderos de basura son los que recorren.
Cotidianos que atraviesan si una vez decidimos mirar. Si una vez decidimos sentir, sentir algo más que lástima y misericordia. Sentir la culpa que golpea por no sentir a compases que puedan ayudarlos. Latidos que urgen y envenenan la comodidad y el sueño.
Y ahí están ellos. De ojos desafiantes. Con miradas que sentencian. De pieles curtidas. De cicatrices eternas.
Ahí van ellos. En carros, bicicletas, corriendo, caminando, a cuestas. Ahí van con la dignidad ultrajada desde el vientre, con la ausencia, la sin-razón, la indiferencia.
Y siguen yendo hacia la cima de la nada en busca de otra nada que se les ofrece. A mancharse las manos, a limpiarse un poco el hambre que golpea.
Están a la espera de una puerta imaginaria que los deja entrar. Como una tropa de soldados de nadie que se alistan para el ataque, y con fuerza van, a velocidad del viento, metiendo el cuerpo a la basura, queriendo olvidar el desprecio, allá van ellos, cargados de nada, hastiados de todo.
Lugar oscuro en la claridad de un sol tan fuerte. Montaña odiada y bendecida que es parte de estos dos mundos uno, cesto gigante de algunos, mesa servida de otros.
Unos tiran. Otros toman.
Mi residuo es tu pan. ¿Qué es lo que hemos hecho? ¿Cómo puede aceptarse una ecuación tan cruel y presente?
Allí están ellos increpando un flash que pretende mostrarlos, captar porciones reales de tiempo y espacio, de vida y lamento.
Suben y bajan de una montaña que los llama todos los días, que los nutre y los muere. Que los cobija y los enferma. Que los salva y los entrega.
Olor a miseria. Ese que penetra hasta el fondo mi orilla calma y placentera. Olor que se queda en la piel, en los ojos que vieron, en los sonidos de los gritos mientras iban subiendo, en el ruido del silencio que quedó después…
Decime montaña lo que no te dicen ellos. Lo que a mí no me dijeron. Rodeados de ese orgullo tan de ellos. Fuerza inmaculada que te escupen en la cara mientras miran tu aura de abundancia. Y allí se paran frente a mí, frente a cualquiera. Se paran erguidos frente a todo y te lastiman sin darte un golpe, mostrando tan sólo su estar de pie frente a su vida y también la tuya.

Caras. Pies. Ojos. Cuerpos. Barro. Cruces de madera. Carros. Bicicletas. Coraje. Orgullo. Fuerza. Dignidad. Pobreza. ¿Cómo hilar lo visto? ¿Cómo digerir el aire? ¿Cómo entender que exista? ¿Cómo quedarse inmóvil, quieto, distraído, indiferente? ¿Cómo seguir andando sin seguir viendo? ¿Cómo permanecer al margen estando dentro?

Miseria extrema que derrama brotes de conciencia, una vez que vemos lo que hay que ver, lo que está pidiendo a gritos ser vistos, gritos que en silencio nos hablan, todos los días, todo el tiempo. Sin decir, con las cabezas bajas, con la mirada renga. Miseria explotada por todas partes, esquirlas que esquivamos en la velocidad de una cotidianeidad tan diferente a la de ellos. Pero allí están por más que nos limpiemos la pólvora esparcida, llega a meterse en la carne misma, una vez que la piel sintió que estaba dentro.

Allí van ellos. Ejército de humanos, grandes, pequeños. Se abalanzan en esa montaña que paradójicamente les da algo de aliento. En lo irrespirable de ese aire, en lo intransitable de ese barro, en lo agobiante de ese espacio, en lo culpable de este tiempo. Y de todos los tiempos.
Allí están mostrando que están sin querer que se los muestre.
Yugando la vida. Yugándose el cuerpo. Allí están ellos.
En medio de una realidad lastimosamente muerta.

Mara. 2006

miércoles, 8 de febrero de 2012

...Mi Vuelo


La felicidad es, también, una decisión.

Y así es que decido sonreírte Vida.

Abrazarte en lo lleno y en la falta.

No quedarme secuestrada en el lamento.

Lanzarte carcajadas que resuenan dentro.

Y fuera las arrojo para contagiar las ganas.

Y los puedo.

Y los quiero.

Y los ojos que te miran incitándote a respiros.

Cada vez más libres.

Cada vez más bellos.

Cada vez más ciertos.

Y esos vuelos que me llevan alto.

Y esos pies que me acompañan siempre.

Y esas manos que me alcanzan hasta el alma.

Soy esto disfrazándome de aquello.

Y es que juego eternos juegos que me gustan.

Y me encauzan.

Y me roban seños fruncidos.

Y arrojan responsabilidades fabricadas para ir muriendo.

Despojándome de líneas rectas, y correctas, y certeras.

Juego entonces a abrazarte Vida, con la piel desnuda.

Y mi cuerpo sin ropas que lo cubran.

Y mi alma abierta, siempre a la sorpresa.

Y te abalanzo, Vida.

Con mis dudas, tantas.

Y mis miedos carcomidos por la fuerza de enfrentarlos.

Y me lanzo Vida, a vivirte en sorbos grandes, de esta niña 
que me arma.

Llevo puesto mi vestido de rompecabezas.

Con sus piezas todas, desparramadas en distintas 
carreteras.

Lúdica manía del desorden, manto que me cubre, abrigando 
el desconsuelo.

Haciéndolo de nuevo, trastocando el lodo por el cielo.

Y me incitás,Vida, a que te muerda, bañándome la boca de tu 
sangre.

Y lo hago, llenándome de rojo la piel y el vestido.

Así es que bailo, salto, juego, riego, a cada paso, mi paso, tu 
paso.

Te invento. Me invento. Construyo mi planeta.

Me guardo. Me cubro. Me salvo.

Me quedo quieta en este hueco, revolcándome en ríos de 
amor.

Subiendo las montañas con pulmones que sí aguantan.

Montándome en la Luna que llena, baja, para que le roce el 
ombligo.

Para pintarme las pestañas en sus pupilas.

Mirarme en ella mis ojos bien abiertos.

Contarle los lunares bien de cerca.

Y cantarle mil canciones, de esas.

Me quedo sumergida y salgo a superficie, de a ratos.

Con más luz que titila y costados oscuros que hago 
perfectos.

Naufrago y navego perdida, poniéndome la Vida por delante.

La de ahora, la de mañana y la de antes.

Decido consumirte a borbotones en cada despertar.

Y cada noche inventarte nuevos sueños.

Resquicios que uno y convierto en inmensas maneras de ver.

Donde contemplo los colores aunque el gris abunde.

Y es el vaso rebalsando el que me creo.

Donde nado tempestiva hacia todo lo que quiero y respiro.

Y en la tormenta me refresco, no me escondo de tu agua.

Ni me guardo para luego.

Salgo en pies descalzos a pisarte tierra.

A empaparme de tu olor presente.

A nutrirme los sentidos por tu esencia.

Y respirarte entera, y respirarme en partes.

Asumiendo lo incompleto como magia.

Si acaso ves que lloro y muchas veces te padezco.

No me hagas caso, ni creas que abandono mi consigna.

Será que necesito de la pena y la nostalgia.

De la pasión irrespetuosa que nada sabe de la calma.

Y el vértigo de probarte todos los sabores.

Y tocarte en varias pieles las palabras.

Y así descubrirte inabarcable e infinitas las sumas de tus 
partes.

Poco tiempo y mucha Vida para transitarte.

Como elijo hacerlo, Vida, sin puertas que se abren.

Son miles las ventanas hacia todo y nada.


Y las dejo abiertas para volar bien alto.

O sólo quedarme a vivirte, recostada sobre el filo de mi 
cama.

Mientras vas asomándote, sigilosa y bella, por mi ventana…


Mara